En este nuevo episodio de #HangoutsTrágora, Scheherezade Surià charla con Irene Gonzalo, traductora autónoma especializada en deportes de montaña.
¿Quién es Irene Gonzalo?
Irene Gonzalo estudió Traducció, Interpretació i Llengües Aplicades en la UOC/UVic. Terminó la carrera hace tres años y medio y, nada más acabar, empezó a trabajar como traductora autónoma. No paró desde entonces.
Al principio apostó por la traducción jurada porque pensaba que era el título que más trabajo le daría. La realidad fue otra. Su gran afición, los deportes de montaña, la llevó a traducir marketing para ese sector y ahí encontró su especialidad. Casi diez años subiendo montañas los fines de semana la avalan. Hoy combina marketing, transcreación, subtitulación, copywriting y escritura creativa, del inglés al español y al catalán. Traduce sobre todo deportes de montaña, cocina y pastelería, y también el sector de la óptica (su pareja lleva una óptica y el despacho de Irene está dentro del mismo local). Eso sí, no se cierra a nada: hasta ha hecho control de calidad de traducciones sobre árboles de Navidad.
¿Cómo consigue una traductora autónoma vivir de sus tarifas?
Irene empezó cobrando 18 euros la hora. Nunca bajó de 8 céntimos por palabra, el mínimo que le recomendaron al salir de la carrera. Hoy factura entre 35 y 55 euros la hora, según el cliente y el tipo de encargo. «Nunca, nunca, nunca», repite cuando le preguntamos si alguna vez cruzó esa línea.
Consiguió su primer cliente grande con un correo directo. Vio el anuncio de una agencia que buscaba ampliar su equipo, no cumplía los requisitos técnicos que pedían y escribió igualmente: les contó que le apasionaba la montaña y que quería una oportunidad. Le pidieron una prueba de traducción y ella, por error, la envió al catalán en vez de al español. Les gustó tanto que empezaron a colaborar. Medio año después llegó la propuesta que le cambió el negocio: ser la traductora principal de español para uno de sus clientes fijos.
¿Y el marketing? Para Irene pesa menos que la red de contactos. Sigue con cariño LinkedIn. La usa para relacionarse con otros traductores y ahí le han llegado la mayoría de sus clientes, por recomendación de compañeros del sector. «No son competencia, son colegas», nos cuenta. Ahora mismo trabaja para tejer contacto con marcas del mundo del trail running a través de esa misma red.
¿Qué voy a descubrir en este episodio?
Irene cuenta por qué rechazó un encargo que le pedían entregar un lunes a las 10 de la mañana tras un aviso el viernes a las 6 de la tarde, cómo hace control de calidad de traducciones sobre árboles de Navidad (sí, ese es un encargo real) y qué le diría a la Irene de hace tres años y medio si pudiera volver atrás. Ojo al mensaje final sobre el futuro de la traducción humana, seguro que te deja pensando.
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