¿Alguna vez te has encontrado con un traductor que le de igual entregar un proyecto con errores?

No, ¿verdad?

Claro, por eso hay quien nos considera la grammar police.

Somos aficionados a tener nuestro ojo crítico trabajando a un 100 % de su capacidad todo el tiempo y esa responsabilidad pesa.

Sabes perfectamente que necesitas revisar tus textos una y otra vez, pero quizás te asusta un poco la idea de que esa tarea recaiga enteramente sobre ti sin ninguna supervisión.

No hace falta decir que la mejor alternativa sería confiar toda la revisión de nuestros encargos a alguien que se dedique a ello profesionalmente.

El problema es que, si estás empezando, delegar esa parte del trabajo supone una inversión que tal vez no puedas afrontar.

¿Y si te contáramos todo lo que puedes hacer para revisar tu propia traducción y que no quede ningún cabo suelto?

¡Empezamos!

 

Antes de entregar tu traducción sigue estos tres pasos

Revisar tu propia traducción debería ser un recurso para asegurarte de que entregas la mejor versión posible de tu trabajo.

En nuestra opinión, deberías seguir tres pasos fundamentales:

  1. Revisa las instrucciones del cliente para comprobar que se han seguido todas y cada una de ellas (uso de glosarios, memorias de traducción, guías de estilo, instrucciones específicas, instrucciones dadas durante la traducción o a raíz de alguna duda que ha surgido en mitad del proceso, etc.)
  2. Compara el texto traducido con el texto original y asegúrate de que:
    1. No hay omisiones.
    2. La terminología es correcta.
    3. El formato es el adecuado (dobles espacios, notas al pie, tablas, etc.).
    4. Las fechas, cifras, símbolos, nombres propios, etc. coinciden con las del original.
  3. Olvídate del original y realiza:
    1. Una revisión de estilo (naturalidad, fluidez, registro, etc.).
    2. Una revisión ortotipográfica (ortografía, puntuación, etc.).

 

Prueba estos consejos para revisar tu traducción

Te proponemos algunos consejos para que, una vez realizadas estas tres tareas, hagas un último repaso antes de darle al botón de enviar.

 

Deja reposar el texto

Por mucho que confíes en el clásico revisor ortográfico de tus herramientas de trabajo o leas una y otra vez el documento antes de pulsar el botón de enviar, hay que cubrirse bien las espaldas. Y la mejor forma es despegarte un poco de tu propia traducción, darle un tiempo y volver a ella con la cabeza más despejada.

Esta es la regla de oro, aunque tiene una pega.

¿Cuántas veces has tenido que hacer malabares con tus horarios para acabar un proyecto a tiempo?

Más de las que te gustaría, ¿verdad?

Por eso, aunque sea lo más recomendable, a veces es complicado darte el lujo de dejar el texto reposar al menos 24 horas.

Si tienes la oportunidad de distanciarte un poco de tu traducción para retomarla un tiempo después, te darás cuenta de detalles que antes pasaste por alto.

Aunque sea una hora o dos, en casos en los que el tiempo apremia, déjalo reposar.

 

H3 Activa el calderón

No, no es el estadio de fútbol. Es una opción de Word para revisar el formato del texto y se activa en el botón que tiene el símbolo del calderón (¶).

(Cantando) «Verás cosas que jamás soñaste ver».

 

Pásate a otro formato

Te sorprenderías de cómo pueden resaltar los pequeños errores de un texto cuando cambiamos de Word a PDF.

Prueba a imprimirlo en PDF y volver a leerlo de este modo. Así estás viendo el archivo en el formato final y tienes una visión de conjunto más limpia.

 

Léelo en voz alta

Esta es una manera de asegurarte de que tu texto tiene fluidez y que los signos de puntuación están donde deberían.

Te sorprenderás de los cambios que puedes llegar a hacer al leerlo en voz alta.

Prueba, prueba.

 

Léelo al revés

Otra de las técnicas más populares para revisar tus propios textos.

Intenta leer tu traducción empezando por la última frase o el último párrafo y seguir así hasta el principio.

Al leerlo de esta forma, te «desconectas» del texto original y te fuerzas a centrarte en la pequeña sección que estés revisando en ese instante.

 

Pídele a alguien que lo lea

Si no tienes ganas de leer en alto, siempre puedes pedírselo a alguien que te quiera mucho (sobre todo si el texto es muy largo).

Así, al mismo tiempo que esa persona puede detectar un error que has pasado por alto, compruebas la legibilidad de tu texto en pocos minutos.

Sabemos que esto es poco probable que ocurra o porque no tienes tiempo o porque no hay almas caritativas dispuestas a leer una traducción de algo que probablemente no entienden, pero siempre es una opción si no estás seguro de tu texto.

 

Anota tus errores más comunes

A veces, parece que estamos predestinados a cometer el mismo error una y otra vez sin darnos cuenta.

Si sabes que tienes la guerra declarada con ciertas palabras o fallos habituales al escribir, crea una lista con todos ellos y recuérdala cada vez que te toque revisar un texto.

Por ejemplo, el símbolo del tanto por cierto lleva un espacio diferente entre el número y el símbolo (CTRL+May+Espacio o ALT+0160) y siempre se te olvida; o escribes siempre con tres puntos el símbolo de puntos suspensivos en vez de con su símbolo, o tiendes a meter dobles espacios entre palabras, etc.

Por supuesto, lo mejor en estos casos es usar una macro de Word. Hablaremos de ello más adelante.

 

Prueba con otras herramientas

¿Cómo te vendría una herramienta que te eche una mano con todo esto? ¿Has probado XBench o QA Distiller o Mystilus?

Quizás es momento de hacerlo.

Estas herramientas pueden convertirse en tus mejores compañeras de trabajo a la hora de revisar tus traducciones ya que cuentan con una gran variedad de funciones que harán tu trabajo mucho más llevadero.

 

Venga, ¿la última? Gestiona tu tiempo

Ten en mente que el objetivo es revisar nuestra traducción para entregar el mejor trabajo posible.

Para eso, más que aplicar estas técnicas, tendrás que aprender y acostumbrarte a revisar con las que mejor te funcionen. Recuerda que también es importante valorar el tiempo que le dedicamos a cada tarea (y aquí tienes algunas herramientas para empezar a hacerlo).

Ahora bien, cuando lo tengas, podrás entregar tus proyectos con una mayor seguridad de enviar un trabajo bien hecho.

Y si en algún momento quieres indagar un poco más en este mundo, quizás te interese echarle un vistazo a nuestros cursos online de corrección ortotipográfica y de corrección de estilo.

Bueno, ¿entonces lo tienes todo listo para revisar tu próxima traducción o te hace falta volver a repasar esta lista? 😉

 

 

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