En este nuevo episodio de #HangoutsTrágora, Scheherezade Surià charla con María Herrero Prado, traductora, correctora, localizadora de videojuegos e investigadora predoctoral en la Universidad de Vigo.
¿Quién es María Herrero?
María Herrero Prado es traductora, correctora, localizadora de videojuegos e investigadora predoctoral en Traducción y Paratraducción en la Universidad de Vigo, donde compagina su actividad profesional con la investigación, la divulgación y la formación especializada.
Ha trabajado en ámbitos muy distintos, como la traducción editorial, la médica, la de videojuegos, la accesibilidad o la corrección de textos, y también adapta textos a lectura fácil para editoriales. Es secretaria de la asociación de videojuegos AGPTI en Galicia, socia de la Unión de Correctores y colabora con el programa de radio Marca Player. Detrás de Tradumery, su proyecto de divulgación, acerca la traducción, la corrección y la localización desde Instagram y LinkedIn.
Llegó a la traducción casi de rebote. Quería hacer Magisterio de Primaria, se quedó a un puesto de la nota de corte y empezó traducción «mientras tanto». En tercero conoció a quien hoy es su director de tesis, se enamoró de traducir y ya no miró atrás. Ahora desarrolla su tesis doctoral sobre la localización de memes, un tema para el que ha tenido que aprender japonés porque casi no existe bibliografía. Lleva tres años como autónoma.
¿Cómo se compagina una tesis doctoral con la vida de traductora autónoma?
María lo resume sin adornos. «Lo más importante es la disciplina, no la motivación», porque la motivación no aparece cuando revisas cientos de revistas y ninguna menciona tu tema. Es la reina de las agendas de papel y se pone fechas tope con margen, así una tutoría inesperada con su director no la obliga a sacrificar horas de sueño. Tiene clarísimo que cuidarse es parte del trabajo. «Tenemos una mala costumbre de querer comer, vivir, tener un techo», bromea cuando habla de por qué hay que seguir traduciendo, aunque la tesis apriete.
Su primer año no se cogió vacaciones por miedo a que los clientes desaparecieran. Spoiler: no desaparecieron. Ahora defiende lo contrario y anima a quien la escuche a coger al menos unos días y programar el correo sin culpa. También habla de aprender a relativizar, de filtrar clientes y de algo que repite a lo largo de toda la charla, no llevarse al terreno personal una prueba suspendida o una corrección llena de cambios. Muchas veces no es que lo hayas hecho mal, es que tu estilo no encaja con el de quien revisa.
En su día a día trabaja sobre todo con editoriales, con alguna agencia y con estudios indies de videojuegos, donde te tratan como uno más del equipo. Le importa especialmente la accesibilidad, la lectura fácil y la subtitulación para sordos. «La comunicación es lo que nos hace humanos y tiene que llegar a todo el mundo», dice. Y avisa de algo que muchos pasan por alto, hacer un texto accesible no es solo simplificar palabras, es cambiar estructuras, y para eso hay que dominar el tema. Si no lo controlas, derivas el encargo a quien sí.
¿Qué voy a descubrir en este episodio?
Vas a oír a alguien que lleva poco en la profesión y habla con una honestidad poco habitual sobre los miedos de los primeros años, el verano en que se le paró el trabajo y veía a traductores con años de experiencia preocupados por la IA, y cómo salió de ahí filtrando clientes y poniendo límites. Hay consejos muy concretos sobre cómo organizar la bibliografía de una tesis, cómo llevar un Excel de clientes y por qué insistir es media profesión.
Y hay una anécdota que no te vamos a destripar del todo. Solo te decimos que mezcla uno de sus primeros encargos, un «juguete» que no era el que ella creía, los apuntes de un curso de traducción erótica y la cara de su padre asomándose por la puerta. El consejo final que se daría a sí misma también merece el viaje: no hace falta ser la mejor profesional del mundo para empezar, pero sí la más dispuesta a aprender.
Aquí lo tienes. También puedes escucharlo en Spotify.



