Somos conscientes de que a veces se palpa mucha desmotivación entre alumnos y graduados en Traducción e Interpretación. Es una verdadera lástima, en nuestra opinión, ya que no creemos que vivir de la traducción sea tan complicado como lo pintan algunos, así que hoy pretendemos cambiar esa percepción.

Aunque como gustos, colores. De hecho, el prisma desde el que se afrontan las cosas puede hacer cambiar totalmente la visión de lo que estamos mirando.

Hemos pensado que lo mejor es que sean los propios traductores que ya viven de ello los que nos pongan las cartas sobre la mesa. ¿Quieres saber qué opinan los que ya están viviendo de la traducción? Eso está hecho.

Hemos reunido a grandes profesionales en activo que ya han pasado por donde tú estás ahora y que están convencidos de que si eliges estudiar esta carrera habrás acertado en toda regla (o no).

Lee con atención, incluso entre líneas y disfruta de estas historias que se han escrito exclusivamente para ti, que quieres leerlas y sacar conclusiones muy importantes.

 

11 historias para convencerte de estudiar traducción… O no.

¿Quieres ver lo que opinan tus futuros compañeros de profesión respecto a estudiar la carrera de traducción e interpretación?

 

Scheherezade Surià (@Scheherezade_SL)

«Sí, si volviera a estudiar, si empezara de cero, me dedicaría a lo mismo.

Supongo que todos tenemos algo idealizada la profesión por motivos obvios, pero es un oficio bellísimo. Aprendes cosas cada día, no dejas de reciclarte y tienes muchas ramas entre las que elegir. Un día puedes estar subtitulando una serie y al otro, traduces un folleto para un museo o un catálogo de moda.

Y sí, creo que tiene futuro, aunque deberemos adaptarnos. Me explico. La traducción automática ha venido para quedarse y no podemos cerrar los ojos; es una realidad. Hay algunos campos en los que no va a afectar tanto, como la traducción literaria, la traducción audiovisual y, en definitiva, especialidades que requieran mucha más creatividad. Nos tocará aprender a preparar textos para estos sistemas y luego realizar una buena posedición.

Entiendo que no es una opinión muy popular, pero pienso que parte del futuro está ahí, queramos o no.»

Eugenia Arrés (@earres)

«Me cuesta verme haciendo algo que no sea traducir y, a la vez, esta profesión me permite compaginar el trabajo como traductora con la formación, la docencia y las actividades extracurriculares, lo que para mí es esencial. Poder organizarnos el tiempo y el espacio como queramos es un lujo al alcance de pocos. Sin embargo, todo lleva su tiempo (y muchos fines de semana y noches traduciendo hasta que tienes una cartera fija de clientes y respiras tranquilo). Está claro que los comienzos no son fáciles y que nos sentimos muy perdidos porque se nos abren muchísimas puertas y no sabemos si tomaremos la decisión adecuada. Lo bueno es que precisamente eso es una ventaja: nuestra profesión nos permite reciclarnos fácilmente y nos mantiene al día con las nuevas tecnologías y los avances en todos los campos. Esto también hace que nuestro trabaje cambie continuamente y estoy segura de que la profesión será muy distinta dentro de 10 años, pero igualmente esencial: comunicar y permitir la comunicación siempre será necesario y es una labor preciosa por la que aún nos queda mucho por luchar. Para poder adaptarnos bien, deberemos ser flexibles, seguir aprendiendo a diario y continuar trabajando mucho y bien (pero esto es lo que llevamos haciendo toda nuestra vida laboral). La traducción tiene futuro y en nuestras manos está que ese futuro sea brillante y con mejores (aunque distintas) condiciones.»

Javier Mallo (@javmallo)

«… Y de repente en 1992 recién comenzada una carrera, me cambio a otra con solo dos días para decidirlo. Una decisión fenomenal. Nunca he echado la vista atrás. También os digo que ya en aquel momento el mercado estaba saturado, se luchaba por las tarifas a degüello y las facultades empezaron a salir como champiñones.

Más de 25 años después seguimos dando guerra. Muchas cosas han cambiado en este tiempo, pero seguro que muchas más cambiarán. Algunas para mejor; otras para peor. De lo que no me queda duda es de que la profesión se irá transformando y adaptando para proporcionar nuevos y viejos servicios, incluso tareas que aún no imaginamos en nuestro puesto de batalla o puente entre lenguas.»

 

Rocío Serrano (@azoteortograf)

«Con independencia de cuestiones como si conviene más ser autónomo o trabajar en plantilla, qué máster hacer o cómo llevamos las épocas en que los estepicursores ruedan por nuestra bandeja de entrada, en esta profesión hay una constante desde tiempos inmemoriales: los agoreros. Ya desde la irrupción de las herramientas TAO, allá por los 90, no faltaron voces apocalípticas que predecían el fin de la profesión. Ahora, con la llegada de la traducción automática y los dispositivos que ofrecen algo similar a la interpretación simultánea, de nuevo nos enfrentamos a discursos cargados de pesimismo. Y si bien es cierto que la traducción se ve irremediablemente abocada al cambio, también lo es que cuando escogimos esta profesión lo hicimos a sabiendas de que la curiosidad, la sed de aprendizaje y la capacidad de adaptación nos tendrían que acompañar mientras la ejerciéramos. Por ello, debemos confiar en nuestra propia versatilidad y tener la mente abierta, así como ser conscientes de que, como parte de esta revolución, están surgiendo a su vez muchísimas otras disciplinas (como la lingüística computacional o la posedición) donde encajamos a la perfección. Desde luego, a mí no me cabe la menor duda de que a la traducción y la interpretación les queda para rato.»

 

Juan Yborra (@jjyborra)

«En mi caso, me dedico a la traducción audiovisual y no puedo estar más contento. Es cierto que los inicios son siempre duros, pero es una especialidad en la que no falta el trabajo una vez que consigues meter la cabeza, dado que cada vez se consume ( y por lo tanto, se traduce) más material audiovisual. También es verdad que las tarifas siempre se pueden mejorar y no son las más altas, pero aun así da para vivir con holgura y, lo que es igualmente importante (al menos en mi caso), puedo dedicarme a aquello que más me gusta.»

 

Juan Pablo Sans (@juanpabloSP_)

«Cuando leo a los jóvenes traductores quejarse de la profesión que eligieron en grupos de Facebook como Traductores e Intérpretes o los oigo quejarse en las aulas universitarias, me doy cuenta de que la gente quiere las cosas fáciles.

Y digo fáciles porque todos quieren llegar ganando 3.000 euros al mes, con un trabajo permanente y todos los beneficios habidos y por haber. Digo fáciles porque muchos creen tener derechos adquiridos por el simple hecho de haber estudiado, sin entender que este mundo es de quien va más allá, de quien no se conforma con lo que tiene, de quien cree que es posible cuando todos le dicen que no lo es. En fin, este mundo es de los avispados.

En mi caso particular, gracias a esta maravillosa profesión que ejerzo desde hace casi diez años pude salir de mi país Venezuela sin tener por ello que ir a hacer cualquier cosa en Inglaterra, como es el caso de la gran mayoría de los inmigrantes.

No solo eso: gracias a esta profesión, he podido sostenerme en un país en que una habitación te cuesta 600 libras esterlinas y ahora gozo de un buen nivel de vida que me ha llevado a la Euro 2016 y a Rusia 2018. Igualmente, gracias a mi profesión, pude ayudar a mis dos hermanos a salir de mi país de origen y ayudo a mis papás a sostenerse allá, además de que estoy empezando a formar mi propio negocio.

¿Que fue fácil? No. De hecho, seguramente mis condiciones no fueron las más óptimas, pero con constancia, dedicación, amor, talento y hasta fortuna, he logrado afianzarme como traductor de juegos de video.

De ahí mi consejo para los jóvenes: si ustedes son europeos y estudian en Europa, tienen la mitad de la partida ganada; ustedes pueden viajar libremente a casi todas partes del mundo, tienen medios de transporte seguros y confiables, una moneda estable y libertad para trabajar donde quieran.

Ya con ello puedo asegurarles que han iniciado mejor que 99 % de las personas DEL MUNDO en cualquier profesión y ámbito de la vida, personas que tienen que lidiar con problemas de falta de comida, agua, luz, medicinas, falta de Internet o sentirse amenazados por malandros en cada esquina.»

 

Alejandra Durán Paiz (@aleduran23)

«Frases como «La traducción no tiene futuro. Las máquinas los reemplazarán.» o «De eso no se vive. Cualquier lo puede hacer.», ¿te suenan? Esas frases se han dicho durante años, pero ¿sabes qué?, la traducción sigue vigente… Y SEGUIRÁ ASÍ. Desde donde yo lo veo, los traductores seguiremos siendo necesarios en tanto se sigan creando libros, videos, notas periodísticas, formularios, software, videojuegos, aplicaciones móviles, películas, manuales de usuario y un largo etcétera de productos que se tienen que traducir.

Y no te miento. Esta profesión, como todas las que conlleven trabajar por cuenta propia, está llena de retos, pero es MUY AGRADECIDA y te deja cuantiosos aprendizajes. Siempre entras a una traducción sabiendo algunas cosas y sales de ella sabiendo muchísimas más. Es mágico, sí. De eso me enamoré.

Finalmente te digo, si no has descubierto tu especialización, deja que ella te encuentre a ti. Eso te permite experimentar y estar abierto al abanico de posibilidades que ofrece esta apasionante profesión. Y disfruta el camino.»

 

Teresa Aguilar (@Teresa_trad)

«¿Crees que tomaste una buena decisión dedicándote a la traducción/interpretación?

Absolutamente, sí. Me encanta mi trabajo porque cada texto es un reto y una oportunidad para seguir aprendiendo, así que creo que los que nos dedicamos a esto somos muy afortunados en este aspecto.

¿Tiene futuro nuestra profesión?

Hummmm, si por tener futuro nos referimos a que seguirá existiendo, pues sí. Si nos referimos a si se podrá vivir (dignamente) de la traducción, no lo tengo tan claro.

La traducción automática es una realidad que no podemos obviar, y cada vez se producen textos traducidos con más precisión y calidad (¡horror!), aunque creo que muy difícilmente podrá suplir a los traductores humanos en traducción literaria, traducción médica y otros textos muy especializados. Nos guste o no, la TA ha venido para quedarse, pero, aun con sus ventajas, está haciendo daño al sector más débil de la profesión, que para mí somos los autónomos.

Yo entiendo que «vivir dignamente» (como decía más arriba) de un trabajo significa tener unos ingresos que permitan pagar un alquiler o una hipoteca, poder pagar las facturas (luz, agua, teléfono, comunidad, etc.), trabajar de lunes a viernes (y si se trabaja más que sea voluntariamente y no por necesidad), poder ahorrar un poquito para tener un colchón en caso de emergencia, ser económicamente independiente y poder irse de vez en cuando de vacaciones.

¿Esto es posible para un traductor autónomo hoy? Pues no digo que no, pero me parece que no para la mayoría. Me explico: por lo que veo en los comentarios de Twitter y por lo que hablo con compañeros de profesión, no son ni mucho menos mayoría los que se dedican a traducir exclusivamente. Muchos compaginan la traducción con interpretación, corrección, clases de idiomas en academias o empresas, cursos, clases en la universidad… e imagino que en otras actividades que no tendrán relación alguna con la traducción en sí.

Encontrar clientes directos no es fácil, y la mayoría te necesita para un trabajo puntual (la traducción de su web o una traducción para algo muy concreto), así que no se puede contar con un ingreso fijo mensual de este tipo de clientes. Y nada, que estamos en manos de las agencias, agencias que no suben sus tarifas a pesar de que a todos nos suben la cuota de autónomo y demás gastos anualmente y que, además, son una importante fuente de ansiedad porque te obligan de alguna forma a estar pendiente de forma continua del correo (gracias, teléfonos inteligentes, por avisar cuando entra uno) porque a veces los proyectos son un «tonto el último».

Sé que hay compañeros que lo están pasando realmente mal porque, sin motivo aparente, han dejado de recibir el volumen de trabajo de hace unos años, y esto es muy triste y preocupante. Además, todos hemos visto en Twitter mensajes del tipo «justo cuando me iba de vacaciones, me llega un proyecto». Es decir, me iba de vacaciones, pero me llevo el ordenador porque no me puedo permitir perder este encargo. No sé si me explico, pero comentarios así dan pistas.»

 

Rosa Llopis (@rosallopis_)

«Cuando empecé a estudiar el grado de Traducción, yo ya tenía una diplomatura en Turismo, tenía un trabajo estable y, posiblemente, un futuro asegurado. Digamos que rompí con todo y decidí empezar de cero para dedicarme a la traducción sin ningún tipo de garantía, simplemente movida por la motivación de hacer algo que realmente me gustara.

Durante los cuatros años del grado (y los primeros años de mi carrera profesional, lo reconozco), fueron muchísimas las veces en las que dudé de aquella decisión, en las que me pregunté si había hecho bien, qué sería de mi vida… y cuando alguien me decía que de esto no se podía vivir, o que jamás trabajaríamos en esto, o que para poder vivir de la traducción era mejor venir de otras carreras (por eso de tener una especialización), me angustiaba muchísimo.

Reconozco que no ha sido fácil, que hay que llamar a muchas puertas e insistir, que parece que nunca vas a despegar ni mucho menos alcanzar cierta estabilidad, que ser autónoma es una lata porque conlleva tareas tediosas como la contabilidad y que hay veces que el dinero sale tan pronto como entra. Sí. Pero de pronto, un día te das cuenta de que estás rechazando encargos porque estás ocupada para varios días; otro estás interpretando para la televisión; otro, empantanada haciendo un máster exprés sobre Excel para mejorar la gestión de tu trabajo porque con una simple tablita ya no te basta; y otro recibes un correo de un cliente informándote de que te ha recomendado a un conocido que está buscando un traductor.

En definitiva, un día te das cuenta de que no te habías equivocado, que, con tesón y paciencia, puedes vivir de la traducción y la interpretación, y que dedicarte a aquello que te gusta ha sido la mejor decisión de tu vida.

Mi consejo: no os dejéis llevar por el pesimismo, aprended de aquellos que sí lo han logrado. Quizás no lleguéis tan lejos como deseáis o acabáis en una especialización que ahora mismo ni imagináis posible, pero si de verdad le echáis ganas, motivación y paciencia, lo lograréis. Si muchos vivimos de esto, ¿por qué no vosotros? ¡Ánimo!»

 

Alessandra Vita (@AVInterpreter)

«Por supuesto que tiene futuro el mundo de la traducción y de la interpretación. Trabajo hay de sobra, e incluso muy bien remunerado, pero nadie te lo pondrá en bandeja de plata.

La vocación en este sector es lo único que no falta, pero la pasión de por sí no paga los recibos. Absolutamente todo —para bien y para mal— depende de ti si eres autónomo. Esto incluye, por supuesto, la decisión y el gran esfuerzo de buscar clientes directos y decir que no a las agencias que te piden todo para ayer a tarifas irrisorias.

Desde un punto de vista económico, como en cualquier profesión, hay de todo: desde traductores e intérpretes que apenas llegan a fin de mes —la única realidad que te cuentan en los periódicos y en la carrera— hasta los que viven estupendamente del oficio. Ahora bien, llegar a este último punto no es una carrera de 100 metros, sino un maratón que requiere mucha perseverancia y determinación.

¿Hay algo mejor que dedicarnos justo a lo que nos apasiona? Sí, que encima nos paguen muy bien por ello.»

 

Javier Pérez Alarcón (@javipalarcon)

«Creo que decidir dedicarme a la traducción audiovisual es una de las mejores decisiones que he tomado en la vida… y eso por no decir que es la mejor. Sí, claro que hay mucho agorero diciendo por ahí que no hay trabajo garantizado, pero ¿en qué profesión hay un 100% de inserción laboral?

Lo cierto es que vivimos en el mejor momento posible para meterse a traductor audiovisual: con el auge de las plataformas de VOD y la abundancia de canales de la TDT, hay una infinidad de obras que hay que traducir: documentales, docurealities, series, películas…

Siempre habrá necesidad de traducir cosas, y el audiovisual es un sector que cobra cada vez más fuerza (si cabe).

Ah, y si alguien os dice que es que no necesita traductores porque las cosas en versión original, recordadle que los subtítulos también son una traducción. LISTILLO.»

 

¿Conclusión?

Seguramente, antes de llegar hasta aquí ya te imaginabas que tendrías motivos suficientes para tirarte a la piscina, pero te faltaba ese empujón final.

Podríamos apostar cualquier cosa a que, si estás pensando en elegir esta carrera (o si te lo pensaste mucho en su día), es porque se te cae la baba con los idiomas, la cultura y todo lo relacionado con ambos mundos. Sin embargo, con un poco de tiempo verás que esta profesión esconde mucho, mucho más, de lo que ves. Es una profesión que se va desnudando poco a poco y es eso lo que la hace tan cautivadora.

Te queda mucho por descubrir. Es más, no todo acaba en la universidad. Tienes la posibilidad de especializarte en lo que más te guste y seguir formándote hasta convertirte en el profesional que te gustaría ser.

Por si te parecía poco, cada vez hay una mayor necesidad de estrechar lazos entre culturas. La profesión del traductor y el intérprete sigue creciendo y no va a parar ahora, a pesar de que te quieran contar lo contrario (lo que sí es cierto es que es posible que la forma de trabajar tenga que adaptarse). Como todo, la traducción tiene sus más y sus menos, pero quienes viven de ella y la conocen desde dentro no dejan de luchar por mejorar sus condiciones cada día.

De hecho, aquí has dado con 11 futuros compañeros de profesión que te han hablado con total sinceridad desde su punto de vista para demostrártelo.

En definitiva, si querías razones, aquí las tienes. 🙂

Ahora te toca a ti. ¿Has decidido estudiar Traducción e Interpretación o te lo estás pensando? ¿Y si te animas a compartir tu experiencia y tu opinión con nosotros? ¡Te esperamos en los comentarios!

 

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