Haciendo alusión al semanario satírico francés Le canard enchaîné, llamado así por la censura que sufrió y que cambió su nombre brevemente por el de Le canard dechaîné cuando pudo volver a ser libre (aunque ahora siga con su nombre original), queremos presentar hoy una de las salidas profesionales del precioso mundo de la traducción que más ata en corto a los traductores, según algunas opiniones: la subtitulación.

El traductor de subtitulos

Asumamos que nuestra profesión tiene un porcentaje de creatividad bastante limitado, pues nos dedicamos a repetir el mensaje original para un público que desconoce la lengua, pero dentro de esta jaula gremial hay diferentes grados de libertad. Podríamos asumir que los más libres han sido tradicionalmente los intérpretes y los más enchironaos, los traductores. Con el permiso de la nueva transcreación, que permite ir un paso por delante. Sin embargo, la traducción y adaptación de subtítulos puede ser, en muchos casos, el servicio que nos permita ser menos creativos y no nos deje desplegar todo nuestro talento como lingüistas.

Si en la traducción literaria hay que lidiar con el manual de estilo de la editorial o del autor, en la traducción de subtítulos cada productora, gestor de proyectos, revisor y hasta el cartero que trae la publicidad del súper, tienen algo que decir sobre cómo debe traducir el que se supone que es el especialista en todo esto.

Veamos algunos eslabones de esta cadena que nos maniata cuando traducimos subtítulos:

  • Tamaño del subtítulo: nos encontramos con una longitud máxima y si aparece una expresión que en el original se compone de dos palabras y en tu lengua es de 10, pues recorta por donde puedas.
  • La velocidad de lectura: a la restricción de caracteres tenemos que añadir que las personas leemos a una velocidad determinada y no leen a la misma velocidad un niño que un adulto, por lo tanto, aunque podamos colocar una traducción larga que encaje en los caracteres impuestos, puede que tengamos que reducirla porque ese subtítulo vaya a estar muy poco tiempo en pantalla.
  • Normas inventadas: puedes topar con una productora que te imponga abreviar Estados Unidos como EE.UU. sin espacio al medio y, al mismo tiempo, obligarte a seguir las recomendaciones de la RAE.
  • El español neutro: te pueden pedir que redactes en español neutro, también conocido en los avientes como: «queremos ahorrarnos varias versiones para España y los países de Latinoamérica» pero este español neutro no existe y todo lo que escribas podrá ser usado en tu contra.
  • Colores o cursivas: algunas te imponen colores y otras cursivas o símbolos para indicar que habla uno y otro personaje o que el que habla no se encuentra en pantalla en ese momento.
  • Traducciones de canciones o títulos de libros: encontrarás productoras que piden que los traduzcas siempre, que todo lo contrario y las sensatas que piden que se traduzca solo si la versión traducida ya existe como versión oficial registrada y se ha concedido el derecho a usarla por parte de su autor.
  • Mayúsculas: ¡qué bien queda un buen grito en mayúsculas! ¿VERDAD? Pues normalmente no podrás hacerlo y el público sordo puede no captar la intensidad del diálogo.
  • Los números: normalmente se escriben en letras del uno al diez y el resto va en números.
  • Signos de puntuación: ancha es Castilla, y si no caben todas las normas que nos queramos inventar, ampliamos al Sáhara.

Y así un largo etcétera que restringe, restringe y restringe cada vez más al sufrido traductor de subtítulos que con estos mimbres tiene que hacer el cesto de una película.

¿Pero qué pasa?

Que nos gustan los retos, porque cada vez que conseguimos meter una reflexión filosófica del original en cuatro palabras en español nos sentimos dioses de la gramática y paladines de la lengua. Aun luchando en contra de todas las restricciones técnicas o lingüísticas que nos quieran imponer, nos decantaremos , si así nos lo permite el que paga, por no encadenarnos y dar rienda suelta a nuestras habilidades profesionales. Así somos los traductores audiovisuales, nos gusta la vida en «Modo Difícil» y no vamos a amedrentarnos porque creemos en nuestro trabajo.

¿Eres de los que opina que precisamente las restricciones te hacen ser más creativo? ¿O de los que se ajusta a todas las normas? ¡Comparte tu opinión con nosotros!